Dr. Pedro González, EMVZ Marcela Navarrete
Licencia social para operar y el uso de animales
¿Cómo percibe la gente usar a los animales? La manera en que una sociedad percibe qué tan válido es usar a los animales para diversos fines se conoce como licencia social para operar (1). ¡Ojo! no se trata de leyes ni reglamentos, es como lo percibe la gente, aun si dicha gente no está bien informada, no conoce del tema o si científicamente hablando es bueno o malo para el animal. Eso es la licencia social para operar.
Hay animales y usos que la gente percibe o considera buenos. Por ejemplo, usar perros como mascotas es bien visto, aun si esta especie, al ser muy social, es propensa a sufrir hiperapego o ansiedad por separación por un manejo incorrecto de sus dueños. Usar perros como mascotas es bien visto aun si algunas razas han sido deformadas (braquicefálicos o chatos) por capricho de la gente que los encuentra chistosos, aun si ello ocasiona problemas de salud a los perros.
La sociedad critica poco usar perros como mascotas y ninguna ley multa a ningún propietario o “tutor” si su perro tiene hiperapego o ansiedad por separación; solo uno o dos países han prohibido las razas chatas como el pug. Por supuesto, el maltrato está penado por ley (2), pero la sociedad no saldrá a la calle a manifestarse si algún perro, al pasear en el parque con su tutor, accidentalmente se cae al bajar o subir del auto, se escapa y se pierde, o si babea por correr mientras juega bajo el sol.
Pero si fuesen caballos los involucrados, la sociedad lo trata diferente. Es decir, que para ciertos animales y usos, la sociedad los percibe como negativos aun sin evidencia científica que lo justifique. Para esos animales, a pesar de que los estudios indiquen que tal uso no representa un riesgo para su bienestar, la sociedad percibe lo contrario.
El trabajo animal y el caso de los caballos caleseros
Tal es el caso de los caballos caleseros. El tema “trabajo” parece tabú cuando se trata de animales, como si fuese obligatoriamente malo para un animal efectuar un trabajo. En los animales de trabajo se aprovechan las características innatas de la especie para obtener un beneficio para el ser humano. Dicho de otro modo, se aprovecha que el animal de manera natural tiene la capacidad para realizar tal actividad (3).
Atención, no significa que el animal efectúe dicha conducta de manera natural. Ningún perro, de manera natural, entrará a un edificio desplomado a buscar a una persona que no es su dueño, cosa que sí hacen los perros de rescate. Se trata de una capacidad física, social y emocional que el animal ya tiene y que puede aprovecharse para alguna actividad sin que le represente un sobreesfuerzo.
Por ejemplo, los caballos, por su conformación corporal y muscular, pueden efectuar la tarea de tirar carruajes sin que represente una amenaza para su bienestar (4).
Perros de trabajo y percepción social
Otro ejemplo es la cantidad de células olfativas que tienen todos los perros (excepto los chatos como el pug, que luchan para respirar), la cual se aprovecha en perros de rastreo. También detectan enfermedades como el covid y apoyan a niños diabéticos detectando cuando necesitan su dosis de insulina. En todas estas actividades los perros trabajan.
La conducta innata de acechar y rodear presas en grupo, como en el caso de la raza border collie o pastor australiano, también se aprovecha: son los perros pastores, ellos también son animales de trabajo. Y los perros de apoyo emocional también trabajan.
Cuando se trata de perros, la sociedad no percibe como negativo usarlos para trabajar. Casi nadie mirará feo a una persona cuyo empleo es rescatar personas extraviadas bajo los escombros con apoyo de un perro. Tampoco son mal vistos quienes se ganan la vida entrenando perros para estar tranquilos en condiciones que pudieran resultar estresantes a sus futuros tutores, es decir, formando perros de apoyo emocional. Todos esos trabajos parecen ser maneras válidas de ganar dinero.
La percepción del trabajo de los caballos caleseros
Sin embargo, el trabajo de calesero, efectuar recorridos turísticos usando caballos para tirar de una calesa, ha sido satanizado. Esta actividad es percibida por la sociedad de manera diferente a los perros de rastreo.
En ambos casos, perro de rastreo y caballo calesero, se usan animales para ganar dinero (los entrenadores de perros también tienen que cobrar para poder vivir). En ambos casos los animales son cuidados, alimentados, se les proveen revisiones veterinarias, alojamientos cómodos y todo lo necesario para que puedan efectuar su tarea sin merma del bienestar animal. Aun así, la sociedad pareciera juzgar con pesos diferentes a perros de trabajo que a caballos de trabajo.
Estudios científicos sobre caballos caleseros de Mérida
En este escrito explicamos de manera sencilla resultados de nuestros estudios científicos ya publicados sobre caballos caleseros de Mérida. Nos tomó más de cinco años de investigación y no pretendemos decirle a la gente lo que está bien o lo que está mal, solo darle información sólida para que cada persona forme su propia opinión de manera informada.
Diferencias clave entre caballos y perros
Lo primero que hay que saber es que un caballo no es un perro (5). En el caso de perros y gatos, casi todos tenemos una idea clara de lo que pueden comer, cuándo darles agua, cuánto ejercicio necesitan y hasta cómo se comportarán si no queman su energía. Pero cuando se trata de caballos, algunos piensan que basta con tratarlos como a un perro más grande. La realidad es muy distinta.
En nuestro primer trabajo comparamos las fortalezas físicas y capacidades de ambas especies (5). En cuanto a fuerza, cualquiera que haya visto un perro grande sabe que puede jalar con potencia, incluso varias veces su propio peso, pero eso se queda corto frente a lo que puede hacer un caballo.
En estudios se ha calculado que caballos que pesan 300 kilos pueden llegar a arrastrar entre 4,000 y 5,000 kilos en superficies lisas. En el caso de caballos de raza criolla, que pesan aproximadamente 450 kilos, pueden arrastrar sin problemas 900 kilos, y hay razas más grandes capaces de mover muchísimo más.
En el caso de los caballos caleseros de Mérida, pesan alrededor de 450 kilos y la calesa que jalan pesa unos 700 kilos con todo y pasajeros incluidos, por lo que se puede deducir que el esfuerzo físico resulta mínimo para un animal de esas capacidades.
Resistencia física
La resistencia es otro aspecto diferente. Un perro bien entrenado puede recorrer unos 8 kilómetros al día y, si no lo hace, lo más seguro es que busque desquitarse rompiendo cosas en casa o ladrando sin parar. En cambio, los caballos evolucionaron para recorrer enormes distancias, hasta 80 kilómetros diarios en estado natural.
Incluso cuando están en un potrero cercado se ha medido que caminan alrededor de 17 kilómetros. Comparado con eso, los recorridos turísticos de 5 kilómetros en las calles de Mérida resultan muy pequeños.
Alimentación y manejo del agua
Donde las diferencias se vuelven realmente críticas es en la alimentación y el agua. Mientras que un perro puede beber o comer poco después de hacer ejercicio, los caballos no toleran ese tipo de manejo. Su sistema digestivo funciona de manera muy distinta y es extremadamente sensible.
Un exceso de agua, una temperatura inadecuada o simplemente ofrecerla demasiado pronto después del trabajo puede desencadenar un cólico, una de las principales causas de muerte en caballos. Por eso, lo más seguro es darles agua en pequeñas cantidades y con intervalos, o esperar un tiempo antes de alimentarlos.
Reflexiones finales
En definitiva, los caballos no son iguales a una mascota como el perro. Son más grandes, más fuertes, con una resistencia distinta y un sistema digestivo mucho más sensible. La actividad de jalar una calesa no debe considerarse de manera automática como maltrato, sino evaluarse con base en las capacidades reales de los caballos.
Solo con información clara sobre sus capacidades y necesidades podemos tomar decisiones responsables sobre cómo tratarlos.
Lee la segunda parte aquí: Los incomprendidos caballos caleseros de Mérida. Parte II
Referencias
- Stronge et al. 2024 en Resources Policy. https://doi.org/10.1016/j.resourpol.2023.104586
- Decreto No. 402, Diario Oficial del Gobierno del Estado. Última reforma 5 julio 2021
- Mills et al. 2025 en Handbook on animal-assisted therapy. https://doi.org/10.1016/B978-0-443-22346-4.15001-2
- de Albuquerque et al. 2018 en Journal of Equine Veterinary Science. https://doi.org/10.1016/j.jevs.2018.06.014
- Tello Pasos et al. 2020a en Bioagrociencias. http://dx.doi.org/10.56369/BAC.3154

MVZ, MSc, PhD Pedro González
Profesor de Etología FMVZ-UADY
SNII-1, Orcid ID 0000-0001-7916-1832
https://www.researchgate.net/profile/Pedro-Gonzalez-Pech?ev=hdr_xprf
pedro.gonzalez@correo.uady.mx

EMVZ Marcela Navarrete González
Estudiante de Etología FMVZ-UADY
Universidad Autónoma de Yucatán
Estudiante de Etología
A23218037@alumnos.uady.mx
